*** ¿ES EL DOLOR UN ENEMIGO? ***
El dolor, ese visitante no deseado, llega sin anunciarse. Puede ser físico, punzante como una herida abierta, o emocional, sombrío como una noche sin estrellas.
Es la señal de que algo está roto, de que hemos perdido un equilibrio o una esperanza.
En su forma más cruda, el dolor nos obliga a detenernos, a escuchar al cuerpo o al alma.
Nos recuerda nuestra fragilidad, nuestra humanidad. Pero también, en su contradicción, nos impulsa a buscar consuelo, a sanar, a reconstruir.
A veces, el dolor es un maestro severo. Nos enseña lecciones que no queremos aprender: el valor de la paciencia, la importancia de la empatía, la fortaleza que desconocíamos tener. Y aunque preferiríamos evitarlo, es el dolor el que nos conecta con otros.
En el sufrimiento compartido encontramos la comprensión y la posibilidad de superar juntos las sombras.
El dolor nunca será bienvenido, pero es inevitable.
Tal vez no sea un enemigo, sino un recordatorio de que seguimos vivos y capaces de cambiar, crecer y sentir.
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