Tu hijo no tiene TDAH.
Tiene inteligencia superior.
Hay verdades que incomodan, pero liberan. Y esta es una de ellas:
Tu niño no tiene TDAH. Tu niño es muy inteligente, la clase de inteligencia que el sistema no sabe manejar, y por eso la etiqueta como “trastorno”.
La Matrix educativa -esa fábrica de obediencia disfrazada de “escuela”- cree que un niño de 7 u 8 años debe comportarse como un burócrata adulto: quieto, sentado, callado, concentrado por horas, repitiendo lo que otro dice.
¿Desde cuándo eso es natural?
¿Desde cuándo encerrar a un niño entre cuatro paredes es sinónimo de educación?
La Naturaleza enseña; el sistema domestica.
Un niño a esa edad no está diseñado para memorizar logaritmos ni álgebra.
Está diseñado para explorar, moverse, imaginar, preguntar, reír, descubrir, observar la naturaleza, formar valores, construir carácter.
Eso es educación real. Sabiduría le llaman.
Pero el sistema no quiere sabiduría.
Quiere disciplina, obediencia ciega, que el niño sea una pieza más en su maquinaria.
Y cuando un niño vivo, despierto, creativo, inquieto -como todo niño normal- no encaja en su molde artificial…lo diagnostican: "Tu hijo tiene TDAH".
Si el niño se mueve, se distrae y no soporta cuatro horas sentado: "TDAH".
No, señora. No, señor.
Ese niño no está enfermo.
Ese niño está vivo.
El problema no es el niño.
El problema es un sistema que cree que la educación consiste en apagar la energía natural y reprimir la curiosidad divina con la que nacen los hijos de Dios.
Entonces llega la receta mágica: pastillas.
Pastillas para que se “calme”, que “atienda”, que “no moleste”.
Pastillas para que deje de ser quien es.
¿ Y sabe qué hacen realmente?
Anulan su chispa. Adormecen su espíritu. Le apagan la inteligencia. El sistema no tolera a los niños inteligentes.
Este sistema convierte lo sano en enfermedad.
Al niño curioso lo llama distraído.
Al niño enérgico lo llama hiperactivo.
Al niño creativo lo llama problemático.
Al niño libre lo llama rebelde.
¿Y sabe por qué?
Porque los espíritus libres no son controlables.
Porque la Matrix necesita “alumnos modelo”: callados, obedientes, pasivos, formateados.
No necesita genios; necesita engranajes.
Y tu niño, precisamente tu niño, tiene demasiado brillo para encajar en su caja.
La verdadera educación debería enseñar valores, carácter, amor, responsabilidad, espiritualidad, conexión con la naturaleza.
Pero el sistema empieza al revés:
Primero disciplina rígida, atención forzada, memorización sin alma… y al final, cuando ya destruyeron la creatividad, quieren "formar personas".
No funciona así: El espíritu primero.
La mente después.
Por eso los niños que cuestionan, que se mueven, que buscan, que exploran, que sueñan… son los que el sistema más teme.
Y por eso los intenta medicar.
No lo permitas
Tu niño no es un diagnóstico no es un trastorno y menos una etiqueta inventada por farmacéuticas y burócratas.
Tu niño es un alma brillante, una mente poderosa, un espíritu en formación. No dejes que la Matrix lo duerma, lo moldee o lo apague.
Protégelo: Su libertad es su genialidad.
Y recuerda: La mayoría de las enfermedades de la atención" no vienen del niño… vienen del sistema.
Ricardo De Spirito Balbuena.
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